Cuando Jesús predicó en la Sinagoga de Nazaret, se refirió al "año de gracia de parte del Señor" (Lc 4, 21), y fue muy elogiado por la gente (Lc 4, 22). Pero luego recordó dos casos de profetas del Antiguo Testamento que hicieron milagros en favor de personas paganas (Lc 4, 25-27) y esta mención provocó una reacción tan irritada en los oyentes, que sacaron al Señor de la Sinagoga e intentaron matarlo (Lc 4, 28-31).

Esto permite ver cuál es la realidad de la proclamación del jubileo: es el anuncio de un perdón de pecados y de deudas que se recibe, pero al mismo tiempo el compromiso de adoptar la misma actitud de misericordia para con los demás, sin ninguna clase de distinciones.

Ante la imagen del mundo en el que se está viviendo se ve que es muy oportuno celebrar un jubileo para que desaparezcan las diferencias sociales irritantes, para que se busque una auténtica reconciliación que haga desaparecer los motivos de enfrentamientos y violencias, para lograr la unidad del mundo y de la Iglesia.

Se sabe que Dios está siempre dispuesto a perdonar, pero es necesario que también los hombres sepan perdonar a los demás y acepten ser perdonados por los demás. El jubileo exige un cambio de mentalidad, un reconocimiento de los propios errores, una búsqueda de reconciliación.

Cada uno debe asumir el compromiso de realizar gestos efectivos - en comunidad, en familia e individualmente - para que el jubileo responda a lo que dice la Palabra de Dios y no quede reducido a un simple gesto ritual, como el cumplimiento de ciertas condiciones que permitan ganar una indulgencia.

Año Jubilar | Santo Domingo de La Calzada
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